El tejido no es simplemente la superficie sobre la que se realiza un bordado.
Es parte del proyecto.
Su composición, estructura, peso, elasticidad y comportamiento condicionan la manera en que puede trabajarse y los materiales que puede soportar.
No todos los tejidos responden igual
Un tejido firme ofrece una base diferente a una gasa ligera.
Un material elástico requiere otro tipo de control.
Una superficie con textura puede modificar la regularidad de las puntadas.
Por eso, antes de comenzar un bordado, es fundamental observar el tejido.
El peso del bordado
La elección del material debe estar relacionada con la capacidad del tejido para soportarlo.
Cristales, cuentas y otros elementos añaden peso.
Cuando se diseña una pieza, hay que pensar en el equilibrio entre riqueza visual y comportamiento físico.
La tensión
El tejido y el bordado deben convivir.
Una tensión incorrecta puede provocar deformaciones o alterar la caída.
La técnica debe adaptarse a la estructura del material.
La finalidad de la pieza
No se elige el mismo tejido para un bordado decorativo que para una prenda que va a moverse continuamente.
También importa la zona de aplicación.
Un cuello, una manga, un cuerpo de vestido o un accesorio tienen necesidades diferentes.
La prueba antes de comenzar
En alta artesanía, realizar pruebas puede ahorrar muchos problemas.
Trabajar una pequeña muestra permite comprobar cómo responde el tejido, cómo se comporta el hilo y qué peso puede soportar.
También permite valorar la combinación de materiales.
Diseñar con el tejido, no contra él
Una de las claves del oficio es entender que el tejido no es un enemigo que haya que controlar.
Es parte del diseño.
Cuando la bordadora comprende sus características, puede aprovecharlas.
El resultado final depende de esa relación entre soporte, técnica, materiales y diseño.
Por eso, elegir el tejido adecuado es ya una decisión de bordado.